05 julio 2007

De Joe Sacco, las bibliotecas y el Kalashnikov


Joe Sacco

El pasado verano me regalaron un tebeo (ni cómic, ni manga, ni historieta... ¡TEBEO! Que parece que nos diera vergüenza ¡coño!) de Joe Sacco, un historietista (se denomina así cuando el autor realiza el guión y el dibujo... y ¡hasta lo entinta! ¿no es increible?) afincado en Estados Unidos. La verdad es que su estilo me interesó poco, demasiado cercano al underground norteamericano sesentero (enlace en inglés, sorry!), pero los guiones no están mal. De sus historias cortas, la única que me gustó es la que habla en primera persona, de su experiencia como bibliotecario: la sumisión de las bibliotecas al gusto comercial con tal de que la gente las visite. Temas como la compra de bestsellers, con la consecuente pérdida económica que conlleva o la inclusión de los servicios de videoteca y discoteca. Sí señores, hemos convertido las bibliotecas en centros de ocio tonto y para muestra un botón.

Esta mañana temprano me he pasado por la biblioteca. SÓLO había dos personas delante de mí en el mostrador. Bien, ¡pues he tardado unos quince minutos en que me atendieran!¿Por qué? Voy a desglosároslo:

  • Sujeta nº 1. Adicta al Prozac, hablaba a grandes voces con pequeñas cuñas de risita histérica. Se refería al becario como si de toda la vida hubieran comido lentejas en el mismo plato para desconcierto de este. Tras depositar en la repisa unos siete libros de grosor considerable, ha dado comienzo un guirigai de padre y muy señor mío. La tipa en vez de devolver primero los libros y DVDs que portaba de casa, había decidido hacerlo todo a la vez para desespero del personal. Finalmente se consigue que ponga en un montón los que iba a devolver y en otro los que solicitaba. Es entonces cuando el engendro abre le bolso y extrae ¡cuatro carnets! proclamando (ya os digo que chillaba) que eran los de sus hijos y la abuela, los cuales se habían quedado dormidos en el chalé de La Manga del Mar Menor (me imaginaba a los tres por la noche, confabulando para enviarla SOLA a la biblioteca y así tener la mañana tranquila.)
Tras la anterior, otra tangana más para que el becario se enterara qué libro y con qué carnet. Para colmo de males, tras los libros ha comenzado la petición de DVDs. De la lista que había solicitado (unos cuatro) SÓLO uno estaba. Finalmente confiesa que ¡no sabe que cuando pone "prestado" en la base de datos de la biblioteca, significa que "alguien YA lo tiene"!. Reprende al becario para que cambien esa denominación "confusa" y no contenta, abandona la fila para buscar CDs de música. Mientras corre la cola, la oímos (en este tiempo la cola se había alargado con seis personas más) hacer comentarios sobre los CDs que va encontrando en el PC, que harían sonrrojar de vergüenza ajena al vendedor de música más curtido.
  • Sujeto nº 2: Un pestosillo con barba (¡SÍ, TÚ!¡Pestoso y guarro!) que me precedía, el cual ha comenzado a armársela al pobre becario (debe ser moda, esto último) porque (atentos) hacía un mes que iba detrás de la tercera entrega en DVD de «X-Men» y no veía que la devolvieran.
En un par de ocasiones, he estado tentado a colarme con la excusa manida del supermercado ("¿Me permite pasar delante? Es que sólo llevo este artículo") pero una bibliotecaria, que parecía conocer a la adicta a los antidepresivos, me lo ha impedido. La verdad es que iba a sacar más cosas, pero semejante experiencia traumática dan ganas de abandonar los libros, subir con una carabina al tejado de la biblioteca y proclamar:«¡Abajo el Anapsique, el Tryptanol, el Anafranil, el Prozac, el Motival, el Tofranil, el Talpramin y QUE VIVA EL KALASHNIKOV!!!


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1 comentario:

Luis dijo...

Lo malo S. es que las nuevas adquisiciones en las bibliotecas se hace según los gustos de ese tipo de gente, así que no se te ocurra meter en el buzón de sugerencias algún clásico ,o algún libro que no haya publicado el autor o la autora de moda, porque no lo van a traer ("es que luego no se lo lleva nadie, dicen"). Sic.